PRADERAS RENOVADAS

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COMO ADAPTARSE AL CAMBIO CLIMÁTICO CAPITULO II

Ana Delia Rodríguez sonríe mientras, desde la ventana de su cocina, ve cómo un tractor de última tecnología, lenta y cuidadosamente raya el suelo con un instrumento denominado renovador de praderas, en uno de los potrero de su finca de dos hectáreas destinado al mantenimiento de sus vacas lecheras. El tractor traza una malla levantando ligeramente la capa vegetal y luego, de forma superficial, fragmenta la tierra sin destruir su estructura. La renovación de praderas es una de las medidas de adaptación al cambio climático que se implementan en los municipios de Sesquilé, Guasca y Guatavita, basados en el principio de la adaptación basada en ecosistemas.

Una vez el tractor hizo su trabajo, don Ignacio Córdoba, el esposo de Ana Delia, mezcla tres especies de semillas con una misión particular cada una: el nabo forrajero, especie que no come el ganado, tiene una raíz ancha que ayuda a descompactar el suelo, luego viene la avena y la denominada vicia. Este material, de rápido crecimiento se constituye en abono verde, es decir, alimento para el suelo en forma de biomasa. Luego se siembran dos especies de pasto (Carretón y Riegrass) que serán el alimento de los animales.

Con esta manera de manejar el suelo, la fertilidad y humedad de la tierra permite que haya alimento para los animales durante mucho tiempo, y desestimula a los campesinos a tumbar el bosque para adecuar más tierra o sobreexplotar la que tienen hasta dejarla sin capa vegetal.

Pero ¿Qué relación puede tener el mejoramiento de una pradera para ganadería, con la adaptación al cambio climático? La clave está en devolver al suelo su capacidad para retener y regular agua. Pensemos en lo siguiente: el suelo sano y fértil es como una esponja, entre más raíces hay, mayor será su capacidad para acopiar y mantener húmedo el suelo. La potrerización tradicional hace lo contrario, compacta el suelo y evita que el agua se infiltre provocando que las lluvias arrastren la tierra y se inicien los procesos de desertificación. La ecuación suelo fértil y húmedo, es la mejor prevención contra los efectos del clima, tanto en sequía como con exceso de agua.

Ocho días después de haber renovado su pradera, don Rogelio prieto de la vereda Ranchería, otro de los beneficiarios del proyecto de “Adaptación al Cambio Climático en la Alta Montaña” empieza a ver los primeros brotes de pasto, las lluvias de los últimos días ya lo hicieron germinar. Buen augurio, en cuatro meses ya puede llevar a pastar a sus vacas lecheras y solo hasta dentro de un par de años, con buen manejo, tendrá que hacer de nuevo la renovación. Mas cantidad de pasto es mejor rentabilidad para don Rogelio.

Los profesionales del proyecto se han tomado el tiempo de explicar a los beneficiarios cómo preparar el suelo, cómo sembrar la semilla, mantener las praderas y cuidar el suelo. La rentabilidad que se espera generar con esta forma de hacer las cosas, mas la protección y enriquecimiento del suelo están ganando la confianza y compromiso de la gente.

Ana Delia explica que, después de años de maltratar la tierra hoy están reaccionando, “quizás no sea muy tarde para volver a vestir el mundo”.

 

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